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Humanismo integral en el campo social

Humanismo integral   en el campo social

A fines del año 2017 el Papa Francisco convocó al Vaticano dirigentes sindicales de todo el mundo para participar de un congreso denominado “De Populorum Progressio a Laudato Si’” que proponía la consigna: “El trabajo y el movimiento de los trabajadores en el centro del desarrollo humano integral, sostenible y solidario”.

De aquel encuentro surgía la pregunta: ¿Qué tienen que hacer las organizaciones sindicales para volverse actores cruciales de un cambio de paradigma político, económico, social y ambiental fundado en el desarrollo integral, sostenible y solidario?

Para responder a esta pregunta es necesario analizar el contexto en el que se situa hoy el sindicalismo en el mundo

El modelo actual

El modelo actual de globalización viene perjudicando a los trabajadores y tiene como resultado niveles históricos de desigualdad, debilitamiento de la legislación laboral y de las regulaciones gubernamentales, el comercio injusto, la financiarización de la economía, la confianza ciega en la tecnología como solución para los problemas de la organización social

La necesidad de repensar el modelo de desarrollo a nivel planetario.

En la encíclica Populorum Progressio se habla del desarrollo humano integral en los siguientes términos:

“El desarrollo no se reduce al simple crecimiento económico. Para ser auténtico debe ser integral, es decir, promover a todos los hombres y a todo el hombre.” Se resaltan, pues, dos ideas:

1. La necesidad de que no haya excluidos en el concepto de desarrollo.

2. La comprensión de la persona como sujeto temporal que en su potencialidad y fragilidad va desarrollándose con el paso del tiempo en todas sus dimensiones (cuerpo, alma y espíritu) a través de sus propias experiencias

Francisco propone “hacer un ‘pacto’ para cambiar la economía actual y dar un alma a la economía del mañana”. a “estudiar y practicar una economía diferente, la que hace vivir y no mata, que incluye y no excluye, que humaniza y no deshumaniza, que cuida la creación y no la depreda” con el objetivo de poner en marcha “un nuevo modelo económico, fruto de una cultura de comunión, basado en la fraternidad y la equidad”.

Un cambio de paradigma

Resulta fundamental avanzar hacia otro paradigma ético, superador del modelo tecnocrático dominante (económico, financiero y tecnológico), que permita el desarrollo integral, solidario y sostenible basado en los derechos, que coloque en el centro al trabajo y a las organizaciones de los trabajadores como fundamento para una sociedad justa e igualitaria, de acuerdo con el contexto de cada región y país. Esto supone respeto incondicional por el trabajo digno, estructurador de la identidad personal y colectiva en un modelo de desarrollo que combine crecimiento sostenible y justicia social.

La Doctrina Social de la Iglesia

La Doctrina Social de la Iglesia, reafirma la centralidad de la persona humana y el derecho al trabajo digno; el reconocimiento, la promoción y la defensa de las normas universales de trabajo en el modelo de desarrollo; la herencia cultural de los pueblos; la prioridad del trabajo sobre el capital y la finanza; el destino universal de los bienes y la consiguiente hipoteca social que pesa sobre ellos; la concepción de innovación tecnológico-científica como producto del trabajo colectivo y de las generaciones; el rol estratégico de las organizaciones sindicales mediante el diálogo social y la negociación colectiva en la construcción de sociedades más justas y sólidas económicamente; la cooperación y la solidaridad entre las naciones como fundamento para la paz en el mundo.

Las organizaciones sindicales

Los sindicatos tienen un rol predominante en la construcción de nuevos modelos de desarrollo ambiental, económico, social e integral y en la promoción de nuevas modalidades de trabajo

El movimiento de los trabajadores

El movimiento sindical sigue limitado a las áreas de los trabajadores de la economía formal y que tienen una relación de dependencia, y aún en estas áreas una parte importante de los trabajadores no están organizados sindicalmente. El movimiento sindical representa el 20% del total de trabajadores. El sindicalismo del presente y el futuro será entonces el que tenga la capacidad de organizar y de representar ese 80% desprotegido. Y esto obliga en la práctica a reinventar el sindicalismo, que respete la identidad y las diferencias.

El Movimiento de los trabajadores es “un movimiento social en que se asume la dinámica sindical en relación a los trabajadores asalariados, aunque trascendiéndola y englobándola hasta integrar todas las situaciones, iniciativas organizadas y categorías de trabajadores que se presentan en la región, aún los desempleados, los mas marginados y los más pobres”.

La unidad de los sindicatos de asalariados, de las organizaciones sociales de trabajadores no asalariados y las alianzas estratégicas y programáticas con otras fuerzas sociales, culturales y religiosas, lo que constituye El Movimiento de los trabajadores, tal como planteó el humanismo integral sindical hace mucho más de medio siglo, se torna indispensable ante los actuales cambios en el mundo del trabajo, en las relaciones entre el capital y el trabajo y para la defensa de los derechos e intereses de clase, populares y nacionales.

 

Los trabajadores en el centro del desarrollo integral, sostenible y solidario
Buenos Aires 22 de noviembre 2022
CLAC-WOW

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