Historia

Asociación Nacional de Periodistas del Perú: 94 años de fecunda obra gremial

Asociación Nacional de Periodistas del Perú: 94 años de fecunda obra gremial

Hasta el año 1928 los trabajadores de la prensa, vale decir los periodistas, aquellos que, cualesquiera sean las circunstancias políticas, económicas o sociales, tienen la responsabilidad de informar con la verdad a la ciudadanía, no contaban con ninguna institución que tutelara su importante labor profesional. Eran los olvidados, los marginados de toda reivindicación salarial, seguridad social o simplemente negados como personas con derecho a una vida más digna.

Los esfuerzos por encontrar alguna forma de organización, hasta entonces, cayeron en el vacío por múltiples razones. Primaba el individualismo, las diferencias personales, la insensatez ante una realidad que los agobiaba, a diferencia de otros gremios, empleados u obreros, que ya habían dado pasos firmes para luchar por su reivindicación, en cuanto condiciones de trabajo o condiciones económicas.

Desde fines del siglo XIX rondaba la idea de acabar con tal situación. Periodistas y empresarios trataron de encontrar alguna fórmula que les permitiera enfrentar los atropellos del poder político, sobre todo en lo referente a la libertad de imprenta (léase libertad de expresión), pero aquella aventura fracasó. Era inútil juntar el agua con el aceite. Unos y otros tenían diferencias que los distanciaba. Más, adelante, en la primera década del siglo XX, regresó la idea institucional y, lamentablemente, las buenas intenciones se estrellaron en el fracaso por la falta de comprensión y solidaridad.

En los años veinte de ese último siglo, el país contaba con un mayor número de periódicos en papel. No asomaba la radiotelefonía, a diferencia de lo que ocurría en otros continentes, incluyendo las tres regiones de América continental. Consecuentemente, surgieron nuevas generaciones de trabajadores de prensa que, al igual que sus antecesores, buscaban la noticia, la procesan y divulgaban, afrontando los riesgos en una sociedad que, entonces, pertenecía a los más poderosos representantes de la llamada "república aristocrática".

Y llegó el día. Fue el 21 de julio de 1928, cuando los periodistas de esos tiempos, dejaron de lado sus personalismos e hicieron realidad la fundación de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú. Nacional y del Perú con mayúsculas, porque fue obra de periodistas no solamente de Lima, sino también del norte, del sur, del centro y del oriente. Nadie quedó marginado, Los credos, las ideologías, entre otros factores que los tenían desunidos, no impidieron que se convirtiera en realidad el ansiado anhelo.

Las contradicciones

La titánica tarea  realizada por Germán Lazarte Lira, Fernando A. Franco, Armando Herrera, Tomás Manrique, Humberto Alvan, Humberto Castro Principi, Benjamín Romero, Isaías Rivera, entre otros, sobre todo desde las redacciones de los diarios "La Prensa" y "La Crónica", ya desaparecidos, no fue del agrado de quienes tenían el "poder" de la prensa. Reaccionaron tildando a los agremiados de simples empleados de los periódicos. "El Comercio" lanzó un editorial provocador señalando, el 16 de  agosto de 1928, que el titulo de periodistas correspondía " a los editores de los periódicos", opinión que después cambio.  Esto luego que con el diccionario a la mano, los dirigentes de la ANP expresaran con energía: " a nadie se le había ocurrido, antes de ahora, negar el título de periodista a los escritores, redactores, cronistas, etc., de las publicaciones periódicas. Más, hoy nos encontramos frente a un extraño y curioso criterio. Alarmados con el nombre de la nueva institución, representativa de los periodistas, los editores de El Comercio parecen sostener que para ellos, no tienen título de periodistas ninguno de los que escriben al servicio de esa publicación. Para ellos, son empleados, nada más que empleados, los escritores, periodistas que trabajan a órdenes de esa empresa...". En el siguiente párrafo los dirigentes fundadores agregaron: " La Asociación está formada y nadie podrá negarlo honestamente por escritores, y periodistas que aportan a las empresas editoras el valioso contingente de sus energías y conocimientos en esta brega incesante que es la actividad y la vida misma de los periódicos". Además de los protagonistas pioneros de la ANP, también suscribieron la carta aclaratoria Luis Alberto Sánchez, Antenor Escudero, Juan Marcoz, Mario Mendizábal, Moisés Vargas Marzal, Carlos Victor Chávez. El asesor jurídicos era Roger Luján Ripoll. Corría el 17 de agosto de 1928.

El respaldo ciudadano, gremial y sindical fue aquel año multánime. La Confederación de Empleados de Lima y Callao, la Federación de Empleados Bancarios, las Sociedades Unidas, la Sociedad de Ingenieros, la Asociación Nacional de Higienistas, hoy Federación de las Profesiones Médicas, entre muchas, manifestaron su solidaridad con la ANP. "La Acción Médica" publicó:" La ANP. que nace bajo los mejores auspicios, no ha ido a buscar sus dirigentes entre las figuras decorativas del periodismo, sino entre los trabajadores auténticos...". Otros medios como "La Razón" de Chiclayo señaló: "La ANP nació en una hora solemne para la vida de la República. Hasta hoy , el esfuerzo vibrante y heroico de los periodistas no encontró el ambiente feliz en que debiera desarrollarse, por culpa de los refinamientos de la política criolla, que maniataron sus anhelos de superación..."

Las primeras luchas

Por aquellos años, conflictivos en extremo por cuestiones de discrepancias y políticas de gobernabilidad, el ejercicio de la cobertura informativa era riesgosa. José Carlos Mariátegui, socio activo y fundador y editor del periódico "Labor", denunció el 23 de setiembre de 1929, las represalias del régimen gobernante contra dicha publicación, identificada con los derechos de los trabajadores. La ANP hizo suyo el reclamo con una actuación ejemplar. Desde entonces, comenzó su obra sindical que la identifica como la más firme defensora, gremialmente, de los derechos fundamentales de la persona humana, entre los cuales se encuentra la libertad de prensa y de expresión, con pleno respeto a la dignidad de hombres y mujeres, sin distinción alguna.

Es largo el recorrido de las luchas gremiales de la ANP. Una breve reseña hace recordar cuanto hizo para lograr que los periodistas tuvieran el reconocimiento de sus derechos en el entonces Consejo Superior del Trabajo y Previsión Social. Uno de sus fundadores fue Edgardo Rebagliati, periodista entonces y abogado después, cuyos aportes han afirmado el sistema de seguridad y protección social en el país. En su homenaje uno de los principales hospitales del Seguro, en Lima, lleva su nombre.

En la década de los años treinta, el totalitarismo fascista se había hecho del poder político a base de cuartelazos. Las persecuciones, la pérdida de la libertad, el cierre de publicaciones opositoras, el destierro hizo primar la oclocracia en desmedro de los valores de la democracia. Eso no fue óbice pra que la ANP fuera fiel a sus principios y sufrió las consecuencias. Fueron numerosos los agremiados que salieron al éxilio, con grave perjuicio para el sostén de sus respectivas familias.

En los días primigenios de su vida, la ANP previó la necesidad de capacitar a los periodistas y convertirlos en verdaderos profesionales. Dio los primeros avances al lograr que la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, por gestión de Fernando A. Franco, Luis Alberto Sánchez y Emilio Romero, con apoyo del rector Alejandro Deústua y de los decanos José Gálvez, en Derecho, y Ángel Gustavo Cornejo, en Ciencias Económicas, abriera una sección especial para formar periodistas. Este antecedente sirvió para que en 1958 se creara el Instituto Libre de Periodismo "Jaime Bausate y Meza", en recuerdo al fundador del primer diario de América Latina, el año 1790. Y, también, para que luego de tener el rango de Escuela Profesional fuera reconocida por ley congresal como Universidad y obtuviera la licencia de SUNEDU.

La lucha continúa

En las últimas décadas del siglo XX fueron, igualmente, otras horas de lucha. La identidad de la ANP como organización gremial y sindical, con reconocimiento del Ministerio de Trabajo creció con mayor fuerza. A lo largo y ancho del territorio nacional surgieron combativas asociaciones provinciales, como filiales de la matriz histórica del gremio de los trabajadores de prensa. Los dirigentes y las dirigentes predicaron la doctrina anepista con el ejemplo. El poder político y el poder económico encontraron su propia convergencia. Desde el año 1975 y sobre todo en1980, para adelante, se registraron nuevas persecuciones, la negación del derecho a la sindicación, decretos legislativos desde Palacio de Gobierno para la despedida masiva de reporteros, redactores, fotógrafos, empleados de administración, técnicos, con la recurrente "lista negra" para condenarlos a la desocupación de por vida. Otros tantos fueron llevados a prisión acusados de supuestos delitos comunes, que después se demostraron que eran parte de la intrigas política y, por tanto, totalmente falsas.

La trayectoria límpida de la ANP sirvió para asumir otras causas. Fue su principal aval para que en el Congreso de la República de los 85, se escuchara su palabra y con ello la aprobación de leyes que reivindicaron los derechos sociales de los periodistas, el derecho a la jubilación, seguro de vida en comisiones de alto riesgo, el descanso semanal, el derecho laboral de los corresponsales, los derechos de la mujer periodistas, por citar algunas.

Desde la perspectiva institucional, la ANP no perdió su vocación unitaria y, en ese cometido, promovió la creación del Colegio de Periodistas del Perú, acción que no fue fácil de lograr por la negativa inicial del gobierno militar de 1975 a 1980, que accedió finalmente, pero acondicionad a la presencia de sus delegados en la comisión encargada de proyectar el primer estatuto, documento inicialmente presentado por nuestra entidad gremial.

En los años 80 del siglo último pasado, la Nación que anhelaba una vida en verdadera democracia, sufrió dolorosamente los ataques demenciales del terrorismo senderista y del MRTA. Más de un centenar de periodistas pagaron con su vida la labor informativa que ponía al descubierto las acciones de ese demencial flagelo. Otros tantos periodistas  fueron involucrados por revelar los desmanes de la represión y llevados a prisión. La ANP estudió cada caso y con la ley en la mano, defendió a quienes eran inocentes. La Defensoría del Pueblo, dirigida por el ilustre hombre de derecho, Jorge Santistevan de Noriega, brindó el apoyo necesario, conjuntamente con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, hasta lograr que se hiciera justicia.  

La presencia de la ANP en estos actos de violencia contra los derechos humanos son visibles y conocidos mundialmente. Se sabe como desde los luctuosos sucesos de Uchuraccay a la fecha, no tiene fatiga ni busca descanso, en su lucha por sancionar a los autores mediatos e inmediatos del asesinato de los ocho periodistas y guías que les acompañaron en ese día fatal. También como busca justicia y  sanción a quienes hicieron desaparecer a Hugo Bustíos Saavedra y Jame Ayala, en Ayacucho, entre otros casos criminales.

Quizás si ya la ANP tiene el mejor premio de cuantos se puedan obtener. El reconocimiento a su épica existencia, en los más altos organismos mundiales de periodistas, de las organizaciones internacionales con representantes de todos los continentes, de los foros también mundiales de derechos humanos y, sobre todo, del pueblo peruano y latinoamericano, así lo acredita.

En esta reseña existen vacíos, pero debe entenderse que la ANP nació en 1928 y sigue de pie, protagonizando páginas inolvidables de una obra gremial que no tiene paralelo en la historia del periodismo nacional. Por una sencilla, uno de sus lemas más conocidos, nos hace recordar:  "que la verdad no se alquila, ni se vende jamás".

--------

Secretaría Ejecutiva de Acción Gremial de la Asociación Nacional de Periodistas del Perú, 21 julio 2022

Opinión

razaConstrucción e identidad racial en América Latina

por Audrey Duc.

El racismo no constituye un fenómeno nuevo en América Latina o sea, la manifestación de ello ha ido transformándose y dándose a conocer en formas nuevas con el transcurso de los tiempos,  en concordancia con el desarrollo del continente. De acuerdo con la def...

Leer más...
 

Semblanzas

josephJoseph Cardijn

Nacido en 1882 en una familia obrera en Schaerbeek (Bélgica), quedó marcado por los problemas vividos por los trabajadores en la época de la industrialización. En ese contexto social y eclesial Cardijn fue un profundo creyente que optó por los explotados y pobres, tuvo fe en los humildes y luch&o...

Leer más...
 

Historia

trabajoTrabajo (sociología)

El trabajo, una de las categorías centrales de la sociología, puede definirse como la ejecución de tareas que implican un esfuerzo físico o mental, y que tienen como objetivo la producción de bienes y servicios para atender las necesidades humanas. El trabajo es por tanto la actividad a trav&eacu...

Leer más...