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Desde Argentina, historias de mujeres campesinas

La conformación del grupo de campesinas surge a partir de 1997, año en que se realizó un encuentro provincial de mujeres, convocado por el entonces Programa Social Agropecuario (PSA). Éste era un “programa paliativo para todas aquellas medidas que iban en contra de los pequeños productores del campo; una forma de contener a esa gente que estaba condenada a pasar hambre o a venirse a los centros urbanos”, cuenta Arturo Casalongue, coordinador de la delegación entrerriana de la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar de la Nación.

Este organismo desarrolla hoy diferentes líneas de trabajo y financiamiento de proyectos, dirigidas a los pequeños productores. En esos espacios se fueron desarrollando las acciones de una rama femenina que busca que su voz sea tomada en cuenta, posibilitar su organización y participación activa en el desarrollo rural.

Actualmente, este grupo de mujeres cuenta con personería jurídica. En 2009 conformaron la Asociación Entrerriana de Mujeres Campesinas y eligieron a su presidente: Asunción Velázquez, de La Paz.

Realizar acciones para la contención de la mujer en la zona rural, hacer visible la realidad de su trabajo y difundir la organización en el medio rural son los objetivos que se proponen. También se capacitan en diversos temas, tales como salud bucal, autoestima, violencia, derechos, salud sexual y reproductiva, prevención de cáncer de útero y mama; así como en tareas laborales como tejido, hilado, cocina, costura, manualidades o conserva.

ROSARIO DEL TALA. Altamirano es un pueblito que pertenece al departamento Tala. No hay muchas casas de material, aunque ahora se están construyendo algunas. Lindo lugar. Una salita, algún almacén, la escuela.

La tierra del camino no da treguas al Fiat 147, que Nilda Van de Linde describe cómo “un pequeño colectivo”. Ella es una mujer campesina que integra el equipo técnico de desarrollo socio territorial de la zona Tala-Nogoyá.

La conductora frena, se baja y golpea las manos, ruido que provoca el ladrido de varios perros. Después sube Ramona, una mujer correntina que vive allí el suficiente tiempo como para decir que casi no pertenece a otro lugar; trae pollos. Algunas casas más adelante sube María, que aporta calabazas de grandes dimensiones, de su propia huerta. Otras mujeres acercan desde sus viviendas alimentos para ser vendidos en el pueblo. Queda poco espacio en el vehículo. Antes de llegar a lo del Sapo Martínez, el gran hacedor de quesos, sube Rosa, otra productora, con sus cosas y las de alguien más.

“Formé tres grupos de mujeres campesinas de bajos recursos: mujeres de hacheros o que no cuentan con un sueldo mensual, sobreviven con lo poquito que tienen. También hago el seguimiento de los proyectos, distribuyo semillas de huerta, ropa usada, calzados. Es gratificante consumir lo que se siembra y vender”, dice Nilda y sigue camino a una exposición de productos, que se realiza en la ciudad de Maciá.

PARANÁ. Inés Londra es una mujer campesina referente del departamento Paraná y está involucrada en el proyecto desde el comienzo, cuando recién comenzaba a divisarse la idea de una mayor organización.

Cuenta a esta Hoja que en la primera reunión provincial a la que asistieron fue donde “se vio toda la problemática de las mujeres”, alejadas entre sí por las distancias del medio rural y con diversos problemas de acceso a servicios como la electricidad, la escasez de agua, la condición de los caminos.

“A partir de ese encuentro nos fuimos proponiendo que se hicieran reuniones más locales, más cerca de las mujeres, para que fueran de grupos más pequeños y charlar sobre esos mismos temas y buscarles una alternativa, para contener a las mujeres que muchas veces nos sentíamos solas en el campo”, explica. “Fuimos descubriendo cosas que las mujeres podíamos hacer, que teníamos una problemática común, que nos uniera para poder encararlos”.

MARÍA GRANDE SEGUNDA. Susana Jaime tiene 38 años. Se llega hasta su casa después de arribar a Santa Elena y recorrer algunos caminos de ripio y tierra. Cuando llegamos hasta ella, nos invita a sentarnos a la sombra de un árbol. Es allí, en medio de un cielo indeciso y gris, que explica: “La organización de mujeres nos ha ayudado mucho porque se hacen charlas, uno mejora con la autoestima, se siente valorada. Poder quererse más a uno mismo. Porque por ahí uno se siente tan caída como mujer, que le cuesta remontar”.

“Me levanto a las cinco de la mañana, me voy a ordeñar y después elaboro el queso. El tiempo que me sobra lo dedico a la lana. Después hago mi huerta”. La mayor parte de lo que produce Susana es para consumo propio, aunque también comercializa y le va bien.

“Yo empecé casi en los primeros tiempos, cuando se comenzó con una capacitación de monte nativo, porque el monte que había estaba enmalezado y prácticamente ni una vaca podía alimentar en el año y mediante eso se fue limpiando y eso fue incentivando a la gente”, comenta.

También relata que casi todas las reuniones se realizan en las escuelas, a donde se trasladan por los medios que pueden, porque “adquirir conocimientos par poder defenderse, saber cuáles son tus derechos como mujer”, son algunas de las cosas que Susana rescata de esta experiencia, así como “salir de la casa”, “perder el miedo”.

Volver a pensarse

Salir de la casa, ocuparse de cosas nuevas, dedicarse algún tiempo para la recreación y el aprendizaje, son todas experiencias nuevas para mujeres que trabajan un promedio de 14 horas por día y en condiciones de escasez de recursos.

“Cuesta mucho salir, a veces hay problemas de dejar los hijos, así como a veces los compañeros crean problemas”. También cuesta “animarse a hablar”, dice Inés Londra, referente del departamento Paraná.

En los encuentros que realizan, las conclusiones de las participantes apuntan al tratamiento de temas vinculados a la salud, la educación sexual; proponen actividades para la prevención en droga, alcoholismo y tabaquismo. Manifiestan la necesidad de que se hagan campañas de prevención sobre Chagas y otras enfermedades; hablan del mejoramiento en caminos, comunicación y transporte, así como también se preocupan por la escasez de servicios y la protección de los recursos naturales.

“Estoy contenta de que hayamos podido concretar esto las mujeres –finaliza Londra–, porque vivimos a mucha distancia y hemos logrado encontrarnos”.(El Diario)

 

 

 
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